Bueno, pues después de firmar el contrato de alquiler, nos ha tocado arreglar un poco el piso, pues llegamos al acuerdo con la propietaria de pintarlo nosotros. Como vamos un poco justos de pasta hemos decidido pintarlo nosotros mismos, que es bastante más económico y era una idea como muy romática y tal. La típica parejita de peli romántica que pinta su casa monísima, que llevan un mono o unos vaqueros limpísimos, unicamente con un par de goterones de pintura y en un momento íntimo hacen una guerra de brochas y acaban con la cara llena de pintura enrollándose en el suelo... He de desengañaros a todos los que tengáis esa absurda idea en la cabeza como tenía yo, nada más lejos de la realidad. Uff! si no tenéis pasta no os queda otra, pero si la tenéis llamad a un pintor que para eso están.
Nos hemos pegado una paliza increible. Hemos tardado una semana, a jornadas de 12 horas diarias. Además hemos querido las paredes de color y no veaís el coñazo que es pinar el borde de la pared que toca con el techo, porque obviamente los techos son blancos. Subidos a la escalera, con un pincelito, habitación por habitación y varias manos... no nos ha quedado perfecto pero sí pasable. También hemos tardado más porque las paredes tienen gotelé y cuesta mucho más trabajo que la pintura entre en todos los recovecos. Para colmo, la casa estaba pintada de naranja y nos ha costado un montón taparlo. Además, la ropa que hemos usado... para tirarla, las zapatillas también a la basura, nos hemos abierto las muñecas, nos ha caido pintura en los ojos... una odisea vamos, y el romanticismo ha brillado por su ausencia. Además, esa semana no hemos tenido ni ganas de darnos una alegría para el cuerpo, ya me entendéis. Nos acostabamos tan sumamente agotados que no servíamos pa na... jajaja, sobre todo mi novio, que el único ejercicio que hace es a golpe de clic pues está casi las 24 horas del día delante del ordenador.
Menos mal que la casa está, bueno estaba, sin amueblar y ha sido más sencillo en ese sentido, pues no hemos tenido que estar con los muebles para acá y para allá. Eso ha sido un punto a favor.
Después vino la temida limpieza, que si soy sincera todavía no ha terminado después de casi 3 semanas viviendo aquí. No penseis que somos unos guarros, jeje, la casa está limpia, bueno más que limpia, super limpia. Muchos me comparan con el personaje de Mónica de la serie Friends. Soy super maniática de la limpieza y el órden. En realidad lo que falta por limpiar son un par de marcos de puertas y una ventana. Todavía tienen algún restillo de pintura pues no colocamos bien la cinta de carrocero al pintar, lo que ocurre es que me he quedado sin aguarrás y nunca me acuerdo de comprarlo.
Eso sí, quiero agradecer desde aquí a mi madre, mi suegra y mi abuela su ayuda con la limpieza, pues había para rato... a mi padre, a mi primo y su novia agradecerles su ayuda con la mudanza y a mi suego su ayuda en las pequeñas ñapas, como tapar y hacer agujeros para colgar cuadros, ponernos las lámparas, los teléfonos de la duchas... y el montaje de los muebles del Ikea que es un capítulo aparte.
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